❥ Pequeños placeres

Sólo estamos a martes y la semana ya pesa. Pero es primavera y he comprado flores, y no sólo eso, con un ramito de churros todo fluye mejor… 😉

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¿Unos churritos?

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❥ Dejarse encontrar

Llevo unos días un poco desconectada de Internet. No es algo que haya decidido a propósito sino que más bien ha sido espontáneo. Sencillamente el vaivén de los días me ha ido atrapando poco a poco hasta apartarme de todo lo que implica pasar más tiempo del necesario delante de una pantalla. Y lo he agradecido, y lo sigo agradeciendo. A veces es necesaria la tregua, abrirle un paréntesis de oxígeno a toda esta necesidad de compartir (algo que por otro lado me encanta). Hay que buscar el equilibrio o, como en este caso, dejar que el equilibrio te encuentre a ti.

Y dejarse encontrar para fluctuar a capricho de unos puntos suspensivos es estupendo, de verdad.

Lo recomiendo.

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❥ Ciclos

Si no hiciera frío saldría a comerme el sol. Me sentaría en la terraza con los ojos cerrados y la sonrisa encarada al cielo, y así permanecería hasta que sintiera que todo mi cuerpo ha absorbido la suficiente energía como para levantarme y seguir el ritmo. Marzo, con sus apenas ocho días y sus muchas flores, está siendo un mes de tremenda vorágine (me encanta esa palabra “vorágine”, si tuviera sabor sería de menta fresca). Un mes de no parar, de ir y venir continuos sintiendo como mi cuerpo no deja de ponerse en pie de guerra pidiéndome (¡exigiéndome!) descanso y calma. Me hago la sorda, que de ponerle algodón al dolor sé un rato kilométrico. Marzo me trae vorágines de menta y operaciones familiares, cumpleaños, trabajos de escuela, exámenes y la muerte -el pasado domingo- del pequeño Sam, el hamster de Jaume. Cuantos lloros dio mi niño, pobrete, y es que Sam no era un hamster cualquiera, era su amigo, nuestro pequeño roedor peludo que en casi tres años pasó de pelota de pimpón a pelota de tenis. Gordo, peludo, activo, mimado y feliz, así vivió y así murió. No cuesta que un niño de diez años entienda lo que significan los ciclos vitales y la ley de vida, lo que cuesta es que eso le reconforte. (Y a mí también). En fin.

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Hasta siempre, pequeño Sam.