❥ La lengua en pie

El aire me sabe a canela, lo saboreo, muerdo el sabor. Canela mezclada en té tibio que bebo poco a poco, a sorbitos de niña. Y así, como una niña, sujeto la taza con dos manos. La ventana del salón está abierta de par en par, el aire sabor canela lo inunda todo creando un ambiente de paz. Afuera el sol de mediodía, la plaza en calma, el viento acariciando los árboles y ese zumbido de silencio que lo detiene todo creando una atmósfera dulce de vida acurrucada. Percibo el sosiego, lo saboreo, le doy dos lametazos y medio a esta paz.

Leo que el terremoto de Italia ha causado 267 muertos. Náufragos en tierra, náufragos en el aire, náufragos en la mar. Doy un sorbo más al té y pienso en toda esa gente. En ellos, en aquellos otros, en todos. Pienso en su vida acurrucada, hoy fugada, huida, muerta, muerta, muerta de muerte súbita, envuelta en un aire igual de similar al que hoy acaricia los árboles del parque. Me quedo inmóvil en la silla. Su vida, mi vida, no hay diferencia. Es simplemente el azar de un segundo que todo lo rompe, que todo lo apaga. El zumbido exterior intensifica la carencia de canela. En un instante el té se ha acabado y la taza está ya vacía.

Y agradezco percibir el vacío entre las manos, el aire bailando entre los árboles, el regusto de canela, mi silla, ese zumbido, mi respiración, el latido que de un vuelco me pone la lengua en pie.

Estamos obligados a morder la vida.

spll

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