❥ En la otra orilla

Días antes ya noto el peso del estrés columpiándose en alguna o en todas las vértebras de mi vida. No me gusta la Nochevieja, lo he admitido siempre, es una noche que te obliga al brindis y al buenrollismo general. Al sí o sí, por cojones. Siempre me asomo a ella con sonrisa de porcelana. Me contagio de felicidad, claro, pero en cada uva que trago siento el estrés de la obligación. Sinceramente prefiero celebrar con alegría cada amanecer de mi vida. Ilusionarme al despertar. Disfrutar del primer sorbo de café, de la primera sonrisa, mirada, baile o locura nacida de forma natural. Brindar por cada minuto del día. Alegrarme por el privilegio que supone abrir la ventana y respirar el aire de la oportunidad. Qué importa el año que sea. La vida es un regalo, cada segundo tiene forma de uva. Una, dos, tres…mil campandas como mil latidos.

Quizá este año pida, en la séptima uva, dejar de sentir ese apatía absurda por Nochevieja. Quien sabe. 😉

 

¡Feliz salida y mejor entrada de año a todos!

Nos vemos en la orilla del 2017, justo cuando este blog cumpla su primer año de vida.

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¿Un poco de música? (no os perdáis el video)—>