❥ A veces se me olvida

Junto pequeños verdes sobre una esquina del mantel. Hoy de nuevo he dormido en una diagonal incómoda pero aún así he descansado. Es un día extraño, me sorprendo a mí misma acariciando las paredes sin ganas de nada. Afuera, la ventana abierta me regala un delicioso olor a lluvia recién nacida. No tengo el día bien conjugado, no. De hecho estos días no tengo demasiadas ganas de nada. La radio a mi derecha vomita sin cesar un abanico multicolor de chatarra política. Cierro el interruptor de la atención y pienso que debería venir un huracán y llevarse de un soplo tanta hipocresía. Debería yo, también, escribir siempre cosas bonitas en el blog, pero perdería su auténtico sentido, la verdad. Estoy cansada y quizá por ello me resulta tremendamente fácil sumergirme en mis propios laberintos para detectarme el incendio. El miedo no me nace del dolor físico sino de la certeza de que estoy ya a punto de quirófano y eso, sin yo quererlo, genera una onda expansiva a mi alrededor. Ahí está la gran, la inmensa roca. La tercera en mi vida. Y el vértigo, sostenido en el cuarto nivel, va haciendo piruetas sobre el trapecio. En fin, inspiro hondo y escucho música. A veces se me olvida que mis pequeños verdes saben crecer perfectamente sobre la piedra.

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