❥ En la otra orilla

Días antes ya noto el peso del estrés columpiándose en alguna o en todas las vértebras de mi vida. No me gusta la Nochevieja, lo he admitido siempre, es una noche que te obliga al brindis y al buenrollismo general. Al sí o sí, por cojones. Siempre me asomo a ella con sonrisa de porcelana. Me contagio de felicidad, claro, pero en cada uva que trago siento el estrés de la obligación. Sinceramente prefiero celebrar con alegría cada amanecer de mi vida. Ilusionarme al despertar. Disfrutar del primer sorbo de café, de la primera sonrisa, mirada, baile o locura nacida de forma natural. Brindar por cada minuto del día. Alegrarme por el privilegio que supone abrir la ventana y respirar el aire de la oportunidad. Qué importa el año que sea. La vida es un regalo, cada segundo tiene forma de uva. Una, dos, tres…mil campandas como mil latidos.

Quizá este año pida, en la séptima uva, dejar de sentir ese apatía absurda por Nochevieja. Quien sabe. 😉

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¡Feliz salida y mejor entrada de año a todos!

Nos vemos en la orilla del 2017, justo cuando este blog cumpla su primer año de vida.

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¿Un poco de música? (no os perdáis el video)—> 

❥ Frío

En el blog han empezado a caer copos de nieve como por arte de magia, me hace gracia mirarlos. Esta ha sido mi primera experiencia bloguera con wordpress y he de decir que me gusta. De hecho en Enero este blog hará un añito ya (jó, quien lo diría). Pero en fin, de momento estamos recién instalados en Diciembre, el mes en el que el Otoño “se rompe” para dejar paso al Invierno. Y la verdad es que tras el cristal el frío ya lo anuncia…

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Buen fin de semana y a disfrutar de larguíííísimo puente quienes lo tengáis! 😉

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❥ Así debe ser

Diciembre ha entrado despacito, caminando por la alfombra de sus recién estrenadas horas con una calma apabullante (uffffff otra de esas palabras con sabor, “apabullante”, se le llenan a una los ojos de plumas y estrellas al pronunciarla). O así lo percibo yo, que tengo un cerebrito medio infantil y receptivo a las locuras. Diciembre llega a paso lento, sin prisas y con el pecho crecido. Sabe que es el último de la lista y eso le da un aplomo infinito. Él se encarga de cerrar la puerta del año así que se cuelga la llave de la solemnidad y nos deja el invierno y la Navidad en bandeja. Cómo no va a gustarme Diciembre? si la tradición Navideña (no soy creyente) me arrima a la calidez, a la magia, a la ilusión de mis hijos que, aunque creciditos, se han empapado de mi irracional ilusión por estos días y la irradian a destajo. Bueno, el pequeño más que el mayor, claro. La adolescencia es una cueva con muy poca ventilación y dónde la fugaz infancia queda relegada a un felpudo de medidas microscópicas. Así debe ser, me digo.

Diciembre entra en casa entelando los cristales y ensanchándome la sonrisa. Pienso devorarte, le proclamo con la frente alta, sin ápice de compasión. Y él, sin inmutarse un pelo, se acomoda sonriente en su trono y de un pestañeo enciende todas las luces del sol.

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