❥ Escapada al Priorat

Teníamos ganas de hacer una mini escapada, ya sabéis, sin hijos, sin obligaciones, sin prisas. No llegaron ni a 48 horas pero cundió muchísimo. Dejaré enlaces a los sitios más relevantes a mi parecer (que no siempre son los más turísticos).

Nos decidimos por el Priorat (Tarragona) y fue un acierto. Mayo es un mes ideal para viajar. No importa que el sol no haga acto de presencia, la primavera está en pleno estallido, el clima es propicio porque no hace ni frío ni calor y ese punto medio es el mío, dónde mejor me encuentro. Cuando hacemos este tipo de salidas únicamente reservamos el hotel, el resto queda a la improvisación. Dejamos que la gente nos indique los lugares a visitar e incluso dónde comer. Porque el placer de viajar, para mí, es conocer gente, empaparme de una zona a través de quienes la habitan. Nos recomendaron comer en el restaurante “Mas Trucafort” (Falset) y allí fuimos. Todo un acierto. Y sabéis lo mejor? el comer sin prisa, saboreando no solo la comida sino el ambiente, los olores, el paisaje tras la ventana, la compañía…

De allí fuimos al hotel y tengo que decir que tuve un flechazo desde el primer momento que entré. El hotel era Cal Cabré, una casa del s.XV situada en Pradell de la Teixeta. Sin saberlo aquel hotel se convirtió en lo más atractivo del viaje para mí, supuso un salto palpable en el tiempo, un lugar que mantenía viva tanta historia que se percibía nada más entrar. Inés, una de las propietarias (simpatiquísima, además), nos contó que habían decidido dejar los muebles de la época precisamente para conservar esa “alma”, y vaya si la conservaba… Volveremos allí, estoy segura.

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El hotel tiene 7 habitaciones y todas ellas se llaman “Te quiero” en distintos idiomas. ❤️

De allí dimos una vueltecita por la Serra de Montsant hasta llegar a la ermita de Sant Joan del Codolar del S.XIII. El camino es ideal para senderistas, de hecho creo que desde allí parten varias rutas, pero una no tiene “las patas” para trotes así que tocó subir en coche. No es lo más ideal, la verdad, pero como somos medio kamikazes disfrutamos del camino y sus “estrecheces” jeje. Lástima que la ermita estaba cerrada pero aún así era preciosa de contemplar.

Aunque ya tenemos horario de verano la verdad es que en Mayo aún anochece demasiado pronto para mi gusto. En una de esas visitas llegamos a Porrera, cenamos y nos enamoramos de su perspectiva nocturna. Había poca gente en la calle pero los bares estaban llenos a rebosar, ¿adivináis la razón?, ¡of course! había partido de Champions. En fin, nosotros que no somos para nada futboleros nos lanzamos a la calle a disfrutarla aún más. 😉

Como curiosidad en el restaurante dónde cenamos (no recuerdo el nombre) tenían unas fotos en blanco y negro dónde se veía ese mismo puente durante una riada en 1967, era realmente impactante.

Vuelta al hotel, no sin antes dar una vueltecilla por Pradell de la Teixeta, un pueblo de esos que tanto (¡tantísimo!) me hechizan…

 

 

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(Espero no haber sido muy pesada con tanta foto…)