❥ Llegaron los 12

Hoy cumples 12 años y he pretendido que las emociones a flor de piel se me escurrieran por los brazos para poder entregártelas, una a una, en ese primer abrazo fuerte que nos marcamos cada mañana. Creo haberlo conseguido porque tu sonrisa era kilométrica, y eso que en la preadolescencia parece que os cuesta un mundo (sonreír, digo). Nunca he entendido que no te guste el chocolate, por el contrario me encanta verte devorar fruta. Hago esfuerzos para que no leas en mi cara lo mal que dibujas, o esa letra de troglodita que resulta ilegible por muchos esfuerzos que le pongamos. Sin embargo me alucina tu facilidad para las matemáticas o tu capacidad para desgranar problemas de cualquier índole echando mano de una lógica que resulta impactante a tu edad. Será que eres virgo y por ello no se te escapa nada, será que tienes un corazón en el corazón por lo que eres tan conciliador. Y ese brillo de humanidad abismal que se te achina en los ojos a cada sonrisa y nos reconforta. Me han dicho de ti que eres muy dulce y observador, que como todos los seres inteligentes utilizas el silencio para aprender. Pero el único piropo que se me quedó dentro me lo soltó, así de pronto y sin arnés, tu profesora en la última reunión del curso. Hablábamos sobre tu carácter, quizá demasiado tímido e introvertido a veces, quizá demasiado poroso para un niño de tu edad, pero con una humanidad que roza ese cielo que te habita y que compartes generosamente con todos. “El mundo necesita personas como Jaume” me soltó, así, en pleno pasillo. Hoy haces 12 años y no sé si el mundo te necesita, sólo sé que este pequeño gran mundo que somos tu familia sí te necesita y te quiere a rabiar.  Felices 12, mi amor! ❤️

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❥ Irremediablemente

Vacaciones, pasitos cortos, viaje improvisado, Navarra, tregua de temperaturas, (¿hemos traído chaquetas?), fiestas aquí, y allí, y más allí, pueblos enteros vestidos de blanco y rojo bajo un cielo azul-verano. Helados de chocolate y frambuesa, vinos rosados que nos hacen reír, prados verdes arriba, llanura y campos amarillos abajo, ruinas romanas, museos, piscina, caminos, caballos en la carretera, circular sin prisa, caminar casi a saltitos, ermitas, bocatas diferentes, días diferentes, latidos diferentes, aires diferentes. Y de pronto en mitad del camino aparece este personaje maltrecho y despeinado. Me enamoro irremediablemente. Y es que en lo aparentemente imperfecto es dónde encuentro la mayor belleza.  ❤️

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❥ Nada puede…

introspecció

Me siento delante del ordenador. Me descalzo inmediatamente, ¡ay, qué gustazo! ¿verdad? pero ha sido sentir el frescor del suelo y automáticamente tener ganas de ir al baño. No tengo a mano las muletas (ni las quiero), no tengo ganas de llamar a nadie (ni depender), así que a falta de bolsillos me coloco el móvil dentro del sujetador (soy medio kamikaze pero no suicida) y me voy dando pasitos de yaya, lentamente, agarrándome a los marcos de las puertas, a las paredes, a la cómoda de la habitación, incluso al radiador del pasillo. Camino y voy susurrándome a mi misma que “nada puede hacerme caer”. Todo un triunfo llegar al baño y sentarse, ay que bien sientan los pequeños milagros. Otro triunfo aún más grande levantarse. De vuelta a mi estudio he seguido con la misma dinámica y el mismo susurro, “nada puede hacerme caer”, lo repetía a modo de mantra mientras mi recién estrenada pelvis se reía por lo bajini.

Y sí, señores, he vuelto a mi estudio. No sé lo que he tardado pero he vuelto, sin ayuda, a velocidad de tortuga, sí, pero me he sentado solita delante del ordenador y me he puesto tan contenta que me he inmortalizado a mí misma en esta foto tan horrorosa pero tan importante para mí. “Nada puede hacerme caer” que guay -he pensado- que poder de auto convicción más fuerte tengo, coñe.

Pero luego ha sido alzar la vista a la pantalla (sonaba James Arthur en spotify, eso lo sé), descalzarme, notar el frescor del suelo en la planta de mis pies y sentir una flojedad cayéndome a peso desde el techo (digo yo). Un cansancio tan, pero TAN  bestia, inmenso, como si hubiera ido a hacer pís al mismísimo puto Everest! (He necesitado incluso un par de minutos para adormitar y reponerme, lo juro.)

Sí, sí, ríete de mí Kilian Jornet…

 

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❥ A 2cm sobre el alambre

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Aprender a caminar de nuevo, poco a poco, con 2 cm más de altura. Le digo a mi pierna izquierda que tenga paciencia hasta que le toque a ella (que le tocará), que de momento se acostumbre a llevar un tacón invisible para igualar altura, que se contonee si le da la gana para así equilibrarse, que lo haga suave y sin prisa. Que entre paso derecho y paso izquierdo, entre contoneos y “ey, déjame suelta, que puedo” he de aprender de nuevo a bailar la vida.

Y lo haré. Ya lo creo que lo haré. Suelta, sin atajos ni amarres, como siempre lo he hecho.

(Por mis ovarios.)

 

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