❥ Emociómetro

 

A veces se me caen silencios del bolsillo. No me doy cuenta y los arrastro pegados a las suelas hasta que fraternizan con algún chicle de fresa y se quedan en el asfalto a jugar sin mí. Es entonces cuando percibo que no los llevo encima y camino a saltitos, ingrávida, hasta que las palabras cruzan la calle en mi dirección. A veces los silencios perdidos vuelven a casa sin ser Navidad, trepan por el balcón, se cuelan por la chimenea y se me escurren por la ducha. A veces salgo a la calle con el pelo enjabonado de silencios sin aclarar…

“¿Cómo se mide un silencio?”
-le pregunté-
“Con un emociómetro”
-me contestó-.

(Joder ¿como no se me ocurrió antes?)

 

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