❥ Mercromina

Hace dos años de esta foto y ya eres un niño mutante. De hecho creo que apenas te queda el gesto, la sonrisa pausada y la postura de manos. Dos años han pasado para que el baile de hormonas circulen a sus anchas por tu cuerpo. Ya apenas te manchas los bigotes de leche, tus silencios son más largos y profundos, tu carácter va apuntalándose dentro de ti, buscando sus ejes, tomando forma y crujiendo como si tuvieras mil grúas entre pecho y garganta. Le llaman la edad del pavo pero podría ser perfectamente la edad de la marmota porque ahora duermes más por la mañana y menos por la noche. Marcas tu espacio. Lo delimitas a fuego con un circulo adolescente formado por nuevos retos, nuevas perspectivas, nuevos gustos, otros juegos. Sigues siendo cariñoso pero menos espontáneo. El adulto que serás se intuye como un holograma a todo color: cerebral, generoso, gruñón, perfeccionista, puntilloso (hasta la desesperación), sensible, payaso, tozudo y tan humano, tanto, que solo pido que nada te dañe y sepas entregarte a raudales tanto como protegerte. Durante estos dos años he aprendido a morderme las palabras para ser la sombra muda tras tus pies. Tú no lo sabes pero llevo mil arneses de recambio en el bolso y me caben todas las redes, todas las tiritas y toda la mercormina que vayas a necesitar durante el resto de mi vida (y más allá). Te quiero infinito, mi pequeñajo. ❤️

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